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31ene.

Danny o la juventud sentada al borde del Malecón

Por: Julio Pernús

Caminaba despacio frente al Malecón Center cuando me tropecé con Danny, en realidad, no sé si ese era su nombre. Andaba con sus herramientas para limpiar zapatos, extendiendo sus manos, pedía algo para desayunar. Era una escuálida mañana de diciembre de 2023 y, como casi siempre, iba de prisa. Al sentarme en uno de los bancos llegó este joven cuya edad era desconocida incluso para él.

Me preguntó si yo era europeo, para el pobre, muchas veces los blancos somos siempre de Europa o Estados Unidos. Para nosotros, blancos migrantes que vivimos en este país, un joven sucio, hambriento y desconocido que se acerca cuando tú estás sentado en un banco, te huele al peligro de un atraco. Pero, la vida nos juntó y sólo atiné a decirle: “mira soy cubano, un país con un sistema social distinto a República Dominicana”. Por primera vez tuve la posibilidad de establecer un diálogo con una persona de la calle y por mi vocación de comunicador, sentí que en sus ojos había una historia.

La primera pregunta que le hice al chico fue: “¿cómo te llamas y por qué trabajas en la calle limpiando zapatos y pidiendo dinero?”. Él me dijo que tenía un nombre en su país natal Haití, pero que al llegar a Santo Domingo escondido en una patana desde la frontera y verso sólo en las calles dominicanas, adoptó el nombre de Danny pues le pareció que era divertido. Me aclaró que dormía en los bajos de una torre donde un guachimán de su nacionalidad le permitía recostarse en el piso sobre unas cajas.

Cada día realiza programas radiales en una emisora ​​católica de San Cristóbal donde les digo a los oyentes que la opción preferencial por los pobres a la que nos invita Jesús, es un llamado en primer lugar a abrir bien los ojos para ver su condición de inhumanidad, a causa del aplastamiento que sufre de su dignidad. Es importante descubrir qué provoca esta situación, y desolidarizarse de esos elementos, sean personas, relaciones o estructuras. Pero, también optar por un estilo de vida que sea coherente con la fe que prediquemos.

Danny es uno de esos miles de jóvenes que han sido descartados por el sistema, pues no cumple un requisito importante: acumular capital. Ahora que celebramos el mes de la juventud, se hace necesario como soñó Don Bosco que seamos capaces de abrirles surcos de esperanza a esas millas de sueños que vestidos de edades entre 13 y 35 años caminan a nuestro alrededor.

Sin embargo, al conocer un poco más sobre su historia pude constatar que era un joven de fe. Creía en Dios, rezaba desde el no saber leer ni escribir, le habían contado historias de la biblia y se sentía identificado con la persona de Jesús, porque según él, solía acompañarlo en los días de frío y violencia en la calle. 

Durante nuestra conversación le habló un poco de otras historias de jóvenes católicos ejemplares como Carlos Acutis, (Londres, 3 de mayo de 1991 - Monza, 12 de octubre de 2006) un estudiante italiano y un aficionado programador de informática, conocido por documental milagros eucarísticos y apariciones marianas aprobadas en todo el mundo, y catalogar toda esa información en un sitio web que creó antes de su muerte por leucemia. Fue beatificado por la Iglesia católica en Asís, Italia, el 10 de octubre de 2020 por un milagro atribuido a su intercesión.

Le preguntó en qué se parecía este pobre joven haitiano que limpiaba zapatos en el malecón dominicano y Acutis. Su respuesta fue un girar la cabeza para ambos lados como diciendo, no sé. Yo le dije que los dos eran hijos de Dios y que el Señor los quería iguales, sin importar su condición económica, además le aseguré que desde el cielo Carlos de seguro lo también estaría acompañando para que él pudiera terminar la jornada.

Danny me contó sobre su vida en Haití, a sus padres nunca los conoció y se fue de su ciudad porque la droga se comía la existencia de la mayoría de los jóvenes de su barrio. Su filosofía sencilla de vida era un testimonio fiel de alguien que sabe dar prioridad a una economía alejada de las torres a los que por definición nunca podrán vivir y el sueño mayor radica en poder tener un espacio para sembrar el alimento que necesita comer.

Giovanni Melchiorre Bosco Occhiena conocido como Don Bosco, fue un sacerdote y educador italiano del siglo XIX nacido en IlBecchi, Reino de Piamonte-Cerdeña, el 16 de agosto de 1815. Su obra se dirigió al amparo de huérfanos, a la creación de las escuelas Salesianas, que se extendieron por el mundo. Jóvenes de la calle como Danny eran sus preferidos, solían darles un hogar y hacerlos sentir importantes.

Ahora que celebramos en enero un mes, un día, una hora, un minuto de la juventud, sería bueno que no giremos nuestra vista para no tener que hacerla coincidir con ese futuro que depende de un trabajo informal para comer. Más allá del Teteo, hay otras etiquetas que la juventud se ha venido ganando.

La oración es el valor escogido para este año y, ¡qué bueno sería si pudiéramos unir nuestras plegarias para pedir por los jóvenes! Cada paso en la vida deja huellas, la juventud es tan fugaz como una carrera de Félix Sánchez, pero al mismo tiempo es una aventura extraordinaria. Benjamín Gonzáles Bueltas sj decía que “la mística de los ojos abiertos no consiste sólo en mirar tú al joven, sino también en dejarte por mirar él y convertir su historia en un motivo de felicidad compartida”.

Querer amar a una persona es ya una forma de amarla, creo que es momento de buscar a la juventud nuestro de país y hacerlos protagonistas de la historia del presente eclesial que venimos tejiendo. La santidad es también un estilo de vida y acá hay muchos jóvenes que “gastan” su tiempo en favor de los demás. Creo que es momento de utilizar la fuerza de la comunicación para visibilizar esos esfuerzos y ganar reconocimiento social.

Danny me dijo algo curioso y es que, en el mundo de las calles, donde hay todo tipo de personas, se había dado cuenta de la bondad tan grande de la juventud dominicana. Ellos eran los que más lo ayudaban y lo hacían con alegría como si no hubiera mayor propósito en su día.

Mientras escribo esto me siento privilegiado, pero no superior a Danny, ambos somos jóvenes extranjeros en un país que nos ha acogido y abierto el corazón. Cada uno le araña momentos a su día con las herramientas que aprendió, él lustrará zapatos y hará trabajos de limpieza, yo trataré de ser el mejor esposo posible y comunicar historias que nos ayuden a construir un mundo mejor.

Casi al terminar nuestro diálogo ese día llegó un joven dominicano, se acercó a nosotros y le ofreció sus zapatos a Danny para que se los fuera limpiando. Me preguntó si era norteamericano – esa pregunta venía sí o sí por la canalita- le expliqué que era de Cuba y conversamos un rato. La postal de nosotros tres conversando sentados al borde del malecón me recuerda la imagen que el Papa le puso a los jóvenes cubanos durante su visita como ejemplo de lo que significa amistad social. Al despedirme fallé en una cosa y es que no terminó nuestro fortuito encuentro con una oración a pesar de que los tres éramos jóvenes de fe. Por eso, les dejo a ustedes lectores una pequeña oración del Papa Francisco por los jóvenes, cerrando mi artículo, para que juntos, pidamos por esos que son la dulce esperanza de nuestra Patria.

 “Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre”. Amén

https://www.religiondigital.org/una_luz_en_la_oscuridad-_julio_pernus/Danny-juventud-sentada-borde-Malecon_7_2638606123.html

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