El espíritu santo es fuente de alegría, el agua dulce que el Señor hace correr por los desiertos de nuestra humanidad, es la certeza que aun en las dificultades de las noches más oscuras, en la que a veces nos encontramos o atravesamos no estamos solo perdido o derrotado, porque el Señor está a nuestro lado y camina con nosotros.
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